TV: Phineas y Ferb

Aunque es su alimento principal, el comedor de perdices no sólo vive de los libros y, a veces, es inevitable encender la televisión. Y al igual que nos sentamos muchas veces a leer cuentos a nuestros hijos, también toca de vez en cuando ver alguna de las series que a ellos tanto les gustan. Es difícil luchar contra Bob Esponja (aunque me encanta esta serie) o los Gormitti, soberanamente aburrida e infinitamente peor que Código Lyoko, que sí me gusta mucho más. ¿Por qué comparo estas dos últimas? Porque siempre me han parecido de características muy parecidas: 4 chicos (en Lyoko terminan siendo cinco) que, para salvar al mundo, se introducen en otro mundo (real uno, virtual otro) en el que disponen de superpoderes para luchar contra los secuaces del malo maloso. Pero mientras los Gormitti se repiten una y otra vez sin solución de continuidad, en CL hay un hilo argumental, que se desarrolla a lo largo de todas las temporadas, y eso es algo que valoro mucho. Pero retomo el hilo de mi pensamiento. Decía que que es difícil luchar contra estas series, pero cuando puedo convencer al picatoste y la ponen, vemos una de mis preferidas: Phineas y Ferb.

Me gusta casi todo de esta serie, desde los títulos de crédito: el dibujo esquémático (la cara del protagonista es un triángulo, la de su hermano un rectángulo, la de su hermana un círculo), la creatividad de los protagonistas, la ausencia de enfrentamiento de Phineas con su hermana, aunque ésta se pase la vida intentando que su madre vea lo que traman sus hermanos (sin conseguirlo; algo así como el coyote y el correcaminos; hay, sobre este detalle del argumento, un estupendo capítulo de tipo “what if” en el que la madre por fin ve lo que hacen sus hijos, descubrimiento que tiene sus consecuencias)… Pero lo que más me gusta es el mensaje que transmite (o que yo quiero ver) sin moralina ninguna; a saber, que los chavales tienen que aprovechar su tiempo haciendo cosas, no quedarse tirados a la bartola a ver las horas pasar sin hacer nada.

Además, de vez en cuando introduce números musicales también estupendos (y aquí, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, permítanme acordarme de lo horrendas que son las canciones de Dora la Exploradora, otro clásico del género). Les dejo con uno de ellos que me encanta (de hecho, la canción estuvo nominada a un premio Emmy):

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Siempre te querré, pequeñín

Siempre te querré, pequeñín” es otro de nuestros primeros cuentos. Es un libro de pasta dura, aunque no está destinado a niños demasiado pequeños, así que podían habérsela ahorrado, me imagino que lo han hecho así para darle más “entidad” al libro. Se trata de un poema largo bastante ñoño, aunque el mensaje me parece muy acertado: “aunque seas el peor hijo del mundo, te querré siempre”.

A nuestro picatoste no le ha hecho mucha gracia nunca, aunque a mí me fascinan las ilustraciones que tiene, las cuales recrean un hogar cálido y con multitud de detalles. Con el tiempo ha ido apreciándolo, conforme ha entendido el mensaje que esconde.

Es de la editorial Planeta.

Edad recomendada: a partir de 3 años.

¿A qué sabe la luna?

Fue uno de los primeros cuentos que compramos en casa, andaba yo muy metida en el foro de Crianza Natural y lo recomendaban muchas madres. Ha sido sin duda uno de los cuentos que más le han gustado siempre a Pedro, que anda rumbo a los 5 años ya.

Se trata de un cuento muy sencillo, de los repetitivos que tanto gustan a los niños entre dos y tres años. Una serie de animales se van encaramando unos sobre otros para alcanzar la luna y conocer su sabor, que es un misterio, porque… ¿a qué sabrá la luna? El final es una sorpresita e incluye a un pez guasón. La técnica de las ilustraciones es el collage y queda bastante resultona, muy “nocturna”, como requiere la ocasión.

Mi niño y yo le añadimos además efectos sonoros al relato y vamos llamando a cada animal a voces (esto le hacía mucha gracia): “Vamos a llamar al león, ¡¡LEÓÓÓÓN!!” y así nos dura más la diversión 😉

Es de la editorial Kalandraka, cómo no.

Edad recomendada: a partir de los 2 años.

Disfraces divertidos para niños

Ahora que estamos en pleno Carnaval, les ofrecemos un libre con muchas ideas para disfrazar a los más pequeños: DISFRACES DIVERTIDOS PARA NIÑOS: 35 IDEAS DIVERTIDAS PARA DISFRAZ AR A LOS MAS PEQUEÑOS, de Emma Hardy. En él encontrarán muchísimas ideas para confeccionar disfraces en casa y que sus hijos se vistan con sus motivos preferidos: superhéroes, animales, princesas… Por supuesto, se incluyen unas precisas y sencillas instrucciones para confeccionarlos y siempre con materiales parecidos y fáciles de encontrar: más allá de un poco de fieltro y velcro, casi todo se puede encontrar en casa.

El libro se divide en 5 secciones: Animales e insectos, Aventureros, Cuentos de hadas y canciones infantiles, Disfraces clásicos y Halloween, más una útil sección final con indicaciones para aprender las técnicas que se explican (trabajar con patrones, confeccionar prendas básicas, etc.). En cada disfraz se incluyen varias fotografías generales y una por cada paso de confección, además de consejos y la necesaria lista de materiales. Y acompañan al libro dos hojas desplegables con TODOS los patrones necesarios de todos los disfraces y a tamaño real, para no dejar nada a la improvisación.

En definitiva, si gustan de disfrazar a sus hijos en estas fechas (o en cualquier otra) y no quieren recurrir al típico disfraz comprado, aquí encontrarán una gran cantidad de ideas para seguir al pie de la letra o para tomar como inspiración. Un libro tremendamente práctico.

(Puedes hacer clic en las imágenes para verlas a mayor tamaño).

Los tres bandidos

Comprar un libro de la colección Libros para soñar, de la editorial sevillana Kalandraka es casi como apostar a caballo ganador. Muchas de las perlas de nuestra pequeña biblioteca infantil proceden de esta editorial. Otro ejemplo más es Los tres bandidos, un delicioso relato de Tomi Ungerer en el que asistimos a la “redención” de los tres terribles bandidos gracias a la niña Úrsula. El autor es también el artífice de las maravillosas ilustraciones, como la de la portada que hemos fotografíado. El texto original es de 1963, y Kalandraka lo editó en 2007 para deleite de todos nosotros y con su habitual calidad: pasta dura, papel grueso y satinado y tamaño A4. ¿Queréis conocer la historia completa? Si no podéis adquirir el libro, aquí podéis haceros una idea:

Cuentos con olor a sobaquina

Muchos periódicos de distintas provincias están publicando una colección de cuentos clásicos con olores. Parece que esto de los olores en los cuentos infantiles no es nuevo y mal negocio, según se puede deducir de esta entrevista,  de 2008, pero yo desconocía este tipo de libros hasta ahora. Y qué quieren que les diga. Si el libro fuera simplemente de fotografías o ilustraciones y olores o algo así, tendría su aquel. Pero ¿para qué diantres necesita una narración clásica olores? Quizá peque de anticuado y sea éste un avance tecnológico que se popularizará en el futuro. Quizá dentro de unos años los libros electrónicos incluyan un pulverizador de aromas para crear una experiencia sensorial aparte de la espiritual que conlleva la lectura, aunque espero que no, porque una edición de la insufrible El perfume podría tener consecuencias fatales. Pero en fin, ahí quedan estos títulos.

En lo puramente editorial, se trata de una colección de cuentos clásicos, con ilustraciones y tipografía estándar, aunque ésta última incluye de vez en cuando palabras con efectos (colores, tamaños, alineación) distintos al general que no facilitan la lectura precisamente. El primer número de la colección corresponde a Hansel y Gretel e incluye entre sus aromas golosinas, chocolates, troncos de árboles… Aunque sin duda el que más me ha llamado la atención es el que se ilustra en la fotografía inferior (pueden hacer clic en ella para verla más grande): ¡a sudor! Con todo, hay que considerarse afortunados. ¿Os imagináis que, en lugar de sudar aterrado, Hansel se hubiera cagado de miedo?

“Arquitectura escrita” en el Parque de las Ciencias

Merece mucho la pena visitar la exposición temporal “Arquitectura escrita” del Parque de las Ciencias. En ella, alumnos de varias facultades de arquitectura (de Granada y Munich principalmente) han trasladado a maquetas su visión de distintos edificios o ciudades que se nombran en varios libros de la literatura universal. Así tenemos desde la bíblica Torre de Babel a La biblioteca de Babel de Borges, pasando por Platón, Plinio, Las Mil y una noches, tratados de arquitectura del S. XVII, Rabelais, Stoker, Kafka y muchos más. Algunas más inspiradas, otras menos, todas curiosas, algunas magníficas. En especial nos gustó una de las 3 representaciones que de la citada Biblioteca de Babel se exponían. Con una sencilla pero acertadísima solución resuelve la posible infinitud del lugar.

Cada maqueta está acompañada por un breve texto explicativo, en inglés y español, y por bellas ediciones históricas de las obras en las que se basan, en distintos idiomas, por lo que el valor e interés de la exposición es doble, no sólo reside en los modelos.
Y como todo en el Parque de las Ciencias, queda un espacio para los niños. En la parte superior de la exposición disponen de mesas con bloques de madera para armar las estructuras que deseen, como la que aparece en la foto, que fue la que nosotros hicimos (la calidad es mala, mi móvil no está pensado para la fotografía). Cuando se va con hijos pequeños, estos detalles son importantes y se agradecen, os lo aseguro.

Vídeo promocional de la exposición

Arquitectura escrita

EXPOSICIÓN TEMPORAL

Parque de las Ciencias
Granada.

Noviembre 2010 – Marzo 2011

El tren de la familia Ratón

Éste libro es uno de los últimos que hemos cogido de la biblioteca de nuestro pueblo y personalmente me ha encantado. Me ha parecido una historia deliciosa, naïve (en palabras de Pedro). Los autores son Haruo Yamashita y Kazuo Iwamura, de la editorial Corimbo, de la que hemos disfrutado de otros buenos títulos.

Trata de una mamá ratón que se enfrenta al primer día de colegio de sus ¡siete ratoncitos! Los niños no quieren acudir al cole, pero la mamá inventa un sistema que los distraerá en su camino al cole (con un poco de azúcar, la píldora que os dan sabrá mejor). Lo que no se imagina la mamá es que su ingenio también los salvará de un terrible peligro. Al final, ¡vence el grupo!

Las ilustraciones son muy delicadas y detallosas, de colores suaves y trazos finos.

Edad recomendada: a partir de 3 años.


El tren de la familia Ratón

Ediciones Peralt Montagut

Aunque me gustan los modernos cuentos que simplemente cuentan historias, sin moraleja final, también adoro los cuentos clásicos, precisamente por lo contrario. No podemos dejar de lado su función didáctica, ya que nos ayudan a enfrentarnos a situaciones parecidas en la vida y a tomar decisiones.

De cuentos clásicos, tenemos varios títulos de esta editorial catalana. Me parecen versiones magníficas para los niños a partir de tres años. Las ilustraciones no son demasiado impactantes, pero los cuentos son breves y fieles al original, y el precio es bastante ajustado. Además, llevan un CD con el cuento, para los que gusten de oírlos dramatizados.

Edad recomendada: a partir de 3 años

Hansel y Gretel

Carlota y Miniatura

Llamadme viejo. O demasiado políticamente correcto. U obtuso. O malafollá. Pero no le veo la gracia a este cuento. Que sí: que la diferencia entre la opinión de Carlota y la realidad, que el juego irónico entre texto e ilustraciones, todo lo que se quiera, pero sigo sin verle la gracia. Es posible que mi condición de padre me haya castrado parcialmente el sentido del humor en lo que respecta a los hijos, pero cuando lo leo no puedo evitar pensar que detrás de esa supuestamente divertida ironía en la que el texto y las ilustraciones describen dos realidades distintas hay unos padres que deben pasarlo mal por tener una hija pequeña que les odia, les quita el dinero y se va de casa, entre otras lindezas.

Quizá tendría más gracia si describiera una fase por la que pasan todos los niños… Pero no creo que todos los niños tengan esa visión TAN negativa de TODOS los aspectos de su entorno familiar (casi diría que, si existe esa fase, es más propia de la adolescencia).

Como la historia no se entiende sin las ilustraciones y viceversa, hay que apuntar que éstas son muy interesantes y los que encuentren el libro divertido disfrutarán del preciso contrapunto que suponen con respecto del texto.

El problema es que para que los niños pequeños entiendan la gracia del relato tienen que leerlo acompañados de algún adulto que encuentre divertida esa ironía y se la explique (lo cual, a mi juicio, es un deber: una de las ventajas de los cuentos infantiles es que los niños que no saben leer pueden disfrutar de las ilustraciones “per se”; un niño que no sepa leer verá en este cuento a una niña con los ojos inyectados en sangre, siempre enfadada y capaz de cualquier barrabasada). Y yo, por viejo, obtuso o malafollá, no soy capaz. La colección se completa con otros dos títulos “Carlota en el internado” y “Carlota y los piratas”. No me quedan muchas ganas de disfrutarlos con mi hijo.

Carlota y Miniatura

La historia de la manzana roja (Jan Lööf)

Ayer sacamos este libro de la biblioteca de Peligros, donde vivimos, y nos encantó a Pedro y a mí. Me resultó muy gratificante leerle este cuento, puesto que para mí también representaba un misterio el final.

Se trata de una historia “circular” que recompensa a aquellos que mantienen la ilusión y deja pasmados a los listillos de turno. Las ilustraciones son fantásticas, de tipo cómic, muy claras. Como son tan claritas, el niño puede seguir la historia al tiempo que se le va contando y además puede ir anticipándose a la narración si es observador.

La editorial es Kalandraka, como no, vuelve a elegir bien sus títulos.
Creo que ya tenemos cuento para la lista de navidad 😉


La historia de la manzana roja

En la rama (Claude Ponti) e Hilderita y Maximiliano (Fernando Krahn)

Hemos sacado dos libros infantiles de la biblioteca para leérselos esta semana al picatoste y nos han llamado la atención. Está el mundo tan politizado que uno ve idelogías incluso en la literatura infantil. (Los títulos, al final del texto.)

En el primero (1), el argumento es simple. Una mamá pájaro hace recuento, al despertar, de sus hijos, que duermen en la rama. Lo que llamó nuestra atención fue que, al ir uno por uno de sus hijos, comenta sobre una de las hijas que se había llevado a su novio a dormir. Es cierto que pasar la noche en la misma rama con otros 12 pájaros no da mucho lugar a la intimidad, pero ahí queda el detalle.

El otro (2): dos insectos se conocen, se gustan, se casan y quieren ir a la luna volando. Pero una tormenta se lo impide. En un giro radical del argumento, una estrella les anuncia (¿guiño bíblico?) de pronto que van a ser padres. Según el autor, “se olvidaron por completo de su viaje a la luna” y fueron felices criando a sus 10 hijos. Que no digo yo que las típicas historias de sueño americano estragan ya un poco, pero de ahí a que en un cuento infantil se subraye el abandono absoluto del sueño en pos de una vida convencional… ¡Un poco de ánimo para los chavales, por favor! Quiero pensar que, por ser el autor también (y sobre todo) ilustrador, la historia es algo casi improvisado para dar respaldo a los dibujos. Si no fuera por eso (y porque se casan dos mariquitas*), parecería un guión adaptado a partir de una idea original de Escrivá de Balaguer.

(*¿O es que el pícaro autor, tras un relato aparentemente convencional y de corte conservador, esconde en realidad una defensa de la ideología opuesta: dos mariquitas que se casan y tienen hijos? Ah, cuán compleja es la literatura infantil, cuántos giros y regiros y recontragiros esconde. En todo caso, eso de que los protagonistas olviden su sueños me sigue pareciendo triste. Ya tendrán los niños tiempo de amargarse con la realidad cuando sean mayores, no hace falta irles minando la moral desde pequeñitos.)

  1. Claude Ponti, “En la rama”. Ed. Corimbo.
  2. Fernando Krahn, “Hilderita y Maximiliano”. Ed. Kalandraka.

Edad para la que recomendamos este libro: a partir de 3 años